
Si trato de pensar en lo mucho que falta por encontrar, en el millón de cosas que no se, que no conozco y que lo mas probable jamás conoceré, me invade cierto sentimiento de nimiedad, y me siento así como un punto en esta terrible inmensidad, inútil y tan irrelevante para esta comunión de gentes que no se miran y que no se sienten, que se desviven por avanzar por llegar… ¿pero donde? ¿Cuál es el lugar? Creo que todos sufrimos el síntoma de piter pan, todos buscamos el país de nunca jamás, pero si el viniera, Donde encontraría a un niño, si la modernidad no dejo ni uno vivo, si todas las ventanas se cerraron y lo que es peor si todos lo corazones se olvidaron, en algún rincón viejo del zaguán, junto a la risa, la libertad, la paz y el mismo zaguán ¿te acuerdas de allá? De aquel aroma a café, libros y ¿Por qué?, de las suaves manos del tal ves y las prosperas ideas de los que nada tienen que perder mas que su deseo de crecer, aquellas tardes de otoño en donde nos fugábamos del mundo, para edificar uno propio, entre elfas y cronopios, bailarinas y un par de locos, que a menudo aburrían con sus monólogos, una flor y otros tiempos en lo que todos los sueños nos carcomían el pecho y la rutina se rompía con la tan amada utopía, donde los silencios eran rezos por que no terminara el encuentro, el vértigo, la irracional esperanza de tener esperanzas… salve aquella labranza…
Así tan pequeño como llegue, dejare este valle, este amanecer de calles, de ruidos y en otros aires encontrare sus bailes, sus milagros, sus cantos, sus maneras de alocarme y calmarme, de matarme y abrigarme, de estar ahí sin privarse de si…
Sin darme cuenta la nostalgia se apodero mi manos de mis palabras y se vertió en estas letras sin preguntarme si quiera, absorbiendo mis ideas rompiendo mis fronteras y recordándome que tal vez ya nada es lo que era y que las próximas hojas que caigan en las plazas se quedaran plantadas pues ninguno de nosotros acudirá a la huida, pues ya todos tomamos el ultimo tranvía, ese que nos lleva devuelta a la vida, que nos aleja del todavía. Beberemos un huérfano café, en un solitario zaguán y acomodaremos las sillas para los que nunca vendrán, a los que jamás vamos a olvidar…
HASTA LA PAZ

